“¿Maestro, usted afirma que todos vivimos en algún tipo de prisión?”
“Si, algunos en una prisión de carencias materiales, otros en una de odios, envidias, remordimientos, de resentimientos, otros en una de miedos, de vejez cansada y achacosa, de enfermedades…..”
“¿Que tipo de prisiones son esas?”
“Te lo explicaré relatándote un antiguo cuento Sufi, un ciudadano fue arrestado por un poderoso noble y encerrado en un calabozo de su castillo. Lo llevaron por unas empinadas y obscuras escaleras hacia los sótanos, el carcelero tenía una apariencia feroz, atada al cinturón tenía unas enormes llaves. La puerta de la obscura celda se abrió y fue empujado hacia adentro, con un fuerte chirrido la puerta se cerró”
“¿Y?”
“Lleva ya diez años en ese obscuro calabozo, diario venía un carcelero, abría la puerta con un horrible rechinar, depositaba en el piso un cubo con agua, un plato de comida y una barra de pan, nuevamente la puerta crujiendo se cerraba”
“Después de diez años en ese horrible calabozo decidió que no soportaría un día más, pensó que o escapaba ya o moría en el intento, se dijo, mañana cuando venga el carcelero lo atacaré, si me mata mi sufrimiento terminará luchando”
Por la noche se acercó a examinar la puerta y la cerradura para estar preparado, se sorprendió al agarrar la manija y ver que no había cerradura ni candado, ¡llevaba diez años sin estar realmente cerrado, solamente su creencia de que había una cerradura y un candado lo mantenían preso”
“Y que hizo”
“¡En cualquier momento pudo haber abierto la puerta que pensaba estaba cerrada!, subió a tientas las escaleras, al salir al patio habían unos soldados conversando y ni siquiera se ocuparon en mirarlo, cruzó el patio central sin llamar la atención, había dos guardias armados en la gran puerta pero tampoco le prestaron atención, salió como un hombre libre”
“Se fue a su casa en el bosque y vivió feliz para siempre”
“Maestro, ¿quiere decir que desde su arresto hacía diez años podría haber salido si hubiera sabido lo suficiente? y ¿estaba cautivo encerrado no por muros de piedra, una puerta de hierro y un candado, sino únicamente porque pensó que lo estaba?
“Todos vivimos en algún tipo de prisión, pero siempre las prisiones están en nuestro pensamiento y no en la naturaleza de las cosas.
La puerta está abierta, y la voz de Dios en tu corazón te dice: “gira la manija, sal y sé libre”.
