Relató una vez Facundo Cabral: “Borges, escribió a los 75 años un poema que tituló el remordimiento”
He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer. No he sido feliz.
Que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan, despiadados.
Mis padres me engendraron para el juego
arriesgado y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz.
Cumplida no fue su joven voluntad.
Mi mente se aplicó a las simétricas porfías
del arte, que entreteje naderías.
Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona. Siempre está a mi lado
la sombra de haber sido un desdichado
Cabral enfatizó, “¡yo no lo quisiera tener que escribir a esa edad!”
Y agregó; “este poema lo escribió Borges porque buscó a partir de la razón, recuerdo que una vez me dijo: Cabral por lo que usted canta, sospecho que tiene un Dios personal que le programa las primaveras y el cauce de los ríos, ¡como me gustaría a mi tener un Dios de esa categoría!; alguien que cuide de mis noches y proteja mis días, pero mi mente necia no permite que esa maravilla entre a mi corazón, y me pedía: cuénteme algo de ese Dios”.
