El poder de las palabras

Estoy seguro que tiene la razón quien afirmó que la diferencia entre la palabra adecuada y la casi correcta, es la misma que entre el rayo y la luciérnaga.

La expresión “tengo que hacer”, sitúa en mi mente la idea de obligaciones, además me pone en un conflicto emocional ya que implica que deseo una cosa pero debo hacer otra en contra de mi voluntad, si la cambiamos por “quiero hacer”, me estoy situando en algo que yo he elegido hacer.

Veamos algunos ejemplos:

Tengo que terminar este trabajo para mañana, porque puedo perder mi trabajo, por; quiero hacer este trabajo para mañana porque con ello aumentaré mis ingresos.

Tengo que ser tolerante con mi pareja, porque puedo cansarla y me dejaría, por: quiero ser tolerante con mi pareja para disfrutar mejor nuestra relación.

Tengo que hacer ejercicio porque estoy subiendo de peso, por, quiero hacer ejercicio para sentirme sano y fuerte.

Al cambiar el “tengo” por el “quiero” cambia la perspectiva negativa por una positiva.

Al final todo lo que hacemos en nuestra vida incluidas las que no queremos hacer, si las hacemos es porque así lo hemos decidido.

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