Mario Montalvo Ortega

Viviendo con Sentido

Las farmacéuticas convirtieron el vivir en una enfermedad (5)

John Le Carré publica su novela “el jardinero fiel”, en el año 2001, y se convierte en una denuncia sobre la enorme codicia de la industria farmacéutica.

Dice Le Carré, que Tony Blair, Margaret Thatcher, Ronald Reagan, Bill Clinton, George W.Bush, y quienes les han seguido son hermanos siameses, nos han inoculado la ridícula idea de que las grandes compañías hagan lo que hagan se mueven por razones éticas y humanitarias, por lo que su influencia es beneficiosa para la humanidad, si alguien las cuestiona o piensa diferente es un hereje comunista, a continuación transcribo extractos de una entrevista que le hicieron al publicar su libro:


“Cuando empezaba a buscar una historia para mi última novela, me pareció que el ejemplo más elocuente de todos estos crímenes del capitalismo salvaje me lo ofrecía la industria farmacéutica”,
“El mundo de estas farmacéutica me atrapó. El Gran Farma tenía de todo; las
esperanzas que depositamos en él, su enorme potencial de hacer el bien y su lado más oscuro. Alimentado por inmensas cantidades de dinero, una hipocresía rampante, corrupción y avaricia”

Estando en el África investigando descubrió el frenético reclutamiento de “voluntarios” del tercer mundo, convertidos en conejillos de Indias baratos. Experimentando con humanos, fármacos que aún no se aprueban en los EE.UU. y que estos infelices jamás podrán comprar, incluso si las pruebas dieran resultados favorables (lo cual está por verse), los voluntarios en los EEUU cuestan una media de 10,000 dólares, en Rusia 3,000 y en los países pobres es gratis,


“También descubrí que el
Gran Farma había convencido al departamento de estado para que amenazara a los gobiernos de los países pobres con sanciones comerciales y así impedir que fabriquen sus propios medicamentos baratos y así aliviar la agonía de los 35 millones de hombres, mujeres y niños con Sida del tercer mundo; el 80% de ellos en África”

“Por otro lado la Gran Farma no inventó esos fármacos que después ha patentado y a los que da un precio arbitrario y excesivo. Los antirretrovíricos los descubrieron proyectos de investigación norteamericanos financiados con fondos públicos y fueron posteriormente confiados a las compañías farmacéuticas para su comercialización y explotación. Una vez que se hicieron con las patentes decidieron cobrar lo que un mercado del mundo occidental desesperado por el Sida soporta, entre 12,000 y 15,000 dólares anuales, para unos compuestos que cuestan unos cientos. Se asignó el precio y occidente se lo tragó. Nadie dijo que era un abuso de confianza a escala mundial. Nadie señaló que el Africa tiene el 80% de los pacientes de SIDA del mundo”

“¿Que es lo que oigo? ¿La vieja excusa de que necesitan tener grandes beneficios con un fármaco para poder financiar la investigación de otros? Entonces que alguien me diga, ¿Cómo es que invierten el doble en comercialización que en investigación y desarrollo?”


Si deseas leer la entrevista completa publicada en el País, aquí te dejo el link.

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