“Maestro, la semana pasada hablábamos del miedo y de vivir en el presente, nos
puede poner un ejemplo”.
“Va el ejemplo, imagina por un momento que eres un astronauta que viajó a la luna, y
cuando ya estás ahí, tu nave sufre desperfectos que te impiden volver.
Revisas tus equipos y ves que solamente tienes oxígeno para una semana, es
imposible que desde la tierra preparen y envíen una misión de rescate.
Solo te quedan 7 días de vida, si estando en esa situación te preguntaras ¿cuáles son
mis deseos más profundos?, no creo que te interesaría en ese momento aumentar tu
cuenta en el banco, ser el director general de una gran empresa, convertirte en
celebridad o en presidente.
Tal vez te responderías: me bastaría con volver a casa y tomar el sol acostado en mi
jardín, bañarme en el mar de Chicxulub y caminando en la playa ver de nuevo el
atardecer y el amanecer.
Solamente querrías estar de nuevo en nuestra hermosa Mérida disfrutando de cada
paso, escuchando los sonidos de la naturaleza, caminando a la luz de la luna
sosteniendo la mano de tus seres queridos y amados.
¿Tal vez deberíamos vivir la vida como personas que acaban de ser rescatadas de una
muerte segura?”
“Maestro, usted no es un náufrago en la luna, entonces sí toma seguido el sol
acostado en su jardín, va frecuentemente a Chicxulub para bañarse en el mar, camina
en la playa al amanecer y al atardecer, disfruta cada paso, escucha los sonidos de la
naturaleza, camina a la luz de la luna sosteniendo la mano de sus seres queridos y
amados?”
La respuesta del Maestro para sí mismo fue; “glup”
