¿Cuánto me cuesta dar?

¿Cuánto me cuesta dar desde el fondo de mi corazón un abrazo sentido, un sincero te quiero,  un estoy disponible  para ti, sabiendo que si estaré, o una oración  con intención?

Nada de esto cuesta ningún centavo, y ¿cuánto valen para quienes lo reciben? 

De hecho no requiere ningún centavo, pero ¡valen  el  mundo entero para quien lo recibe!. Lo que sí requiere, es bondad absoluta, esos gestos y palabras iluminan y transforman la vida del otro, pero también el alma de quien los da.

La bondad es más poderosa que una bomba atómica,  dar sin esperar nada a cambio edifica nuestro espíritu.

Vivimos un mundo perdido en el individualismo, donde impera  la cultura de que hay que competir, acumular y vencer a toda costa, afortunadamente hay quienes comprenden que nuestra especie humana sobrevivió    por cooperar y compartir,   hay quienes aún comprenden que el verdadero poder no radica en acumular. Y no se trata solo de lo tangible, sino de lo esencial: el tiempo, la presencia, la palabra oportuna que, como un bálsamo, alivia las heridas invisibles de quienes caminan con algún peso  sobre los hombros.

Dar sin esperar recompensa es un acto  espiritual que ennoblece    el alma,  la bondad no busca  retribución,  su naturaleza es expansiva, multiplicadora, eterna. La sonrisa que regalamos en un día triste, la mano que extendemos a quien cae, el hombro que ofrecemos para sostener al que vacila, son semillas que germinan en la conciencia colectiva, construyendo un mundo más digno, más humano, más nuestro.

Hagamos de la bondad y la nobleza nuestra bandera, en la calle, en casa, en el trabajo, en el camino, recordemos que cada vida que rozamos es un universo con sus propias batallas, recordemos que en nuestras manos, siempre hay  destellos de luz capaces de disipar la obscuridad de alguien.

La historia no la escriben solo quienes ocupan los grandes puestos y escenarios, sino aquellos que en lo cotidiano, eligen hacer del amor al prójimo un compromiso inquebrantable. Al  final, cuando todo se haya dicho y hecho, no serán las riquezas ni los títulos lo que nos defina, sino la huella de humanidad que dejamos en cada alma que tocamos.

Que nunca nos falten las palabras que sanan, las manos que sostienen y el tiempo para compartir lo que realmente importa. Porque en cada acto de bondad, nos encontramos con la mejor versión de nosotros mismos.

¿La grandeza de los seres humanos se mide por el amor que damos?

Artículos relacionados

Resiliencia (XIII). Condiciones para ser resiliente.

Resiliencia (XIII) Estudios de grandes investigadores del comportamiento humano, han podido determinar que las personas resistentes tienen ciertas características comunes que conforman su personalidad, veamos algunas de ellas acompañadas del pensamiento de grandes seres humanos. Amor al prójimo “Traten a los demás como ustedes quisieran ser tratados”. Jesús de Nazaret Autoconocimiento “Conocerse a sí mismo […]

¿Pensar y Después hablar?. Viviendo con Sentido.

Dicho por Aristóteles: “El sabio no dice todo lo que piensa, pero siempre piensa todo lo que dice”. Se dice con absoluta determinación, que: ¡siempre hay que decir lo que se piensa!¿Están demasiado valoradas las personas que dicen lo que piensan?¿Decir siempre lo que se piensa es lo correcto y acertado?, ¿es acertado para quien […]

1 comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *